“Posconflicto” vs. equilibrio y desarrollo Escrito por José Alvear Sanín

Como los gobernantes prefieren gastar, en vez de equilibrar egresos e ingresos, con rutinaria frecuencia aumentan los impuestos. De ahí la irónica ley formulada por el profesor C. Northcote Parkinson, “Income meets expenditure”, cuando debería ser al contrario, con los gastos ajustándose a los ingresos.

En Colombia, todo gobierno tiene que empezar con una “reforma tributaria”, para equilibrar ingresos y egresos, pero como los impuestos nunca alcanzan, buena parte de los ingresos procede de creciente endeudamiento.

En teoría, las rentas (impuestos, en su mayor parte) deben ser suficientes para atender los gastos corrientes; y al endeudamiento solo debe acudirse para financiar inversiones productivas.

Pero en este país, en la práctica, el abismo entre rentas y gastos es cada vez mayor; y por eso el endeudamiento crece continuamente, hasta llegar a las cifras escandalosas de la desadministración Santos.

Cuando se inició la administración Duque, no se pudo esconder un déficit presupuestal del orden de 24 billones. Se redujo como a 12, aplazando pagos que seguirán generando intereses moratorios, y como la “reforma” Carrasquilla apenas va a generar apenas algo así como siete billones, por fin habrá que hacer algún recorte en los gastos.

Ahora bien, el último presupuesto que presentó el ministro Cárdenas (dizque el “mejor de Suramérica”) fue aprobado por el Congreso, obligando al nuevo gobierno a conseguir los recursos para su ejecución…

El ministro Carrasquilla presentó un proyecto tributario absurdo, cuyo resultado político fue desastroso, y cuyo efecto fiscal, a la postre, resultará mínimo.

Lo que no se ha explicado claramente al país es a cuánto asciende la suma de las partidas para el “postconflicto” en 2019.

Si es verdad que ya los compromisos con las Farc no son de 120 billones para los próximos diez años, sino de 150 billones, como está diciendo el consejero presidencial Archila, parece evidente que la suma de egresos para el tal postconflicto es la causa primordial y eficiente del déficit para 2019; y que año tras año, hasta 2030, esos “compromisos” harán imposible el equilibrio presupuestal. Pero como la capacidad de pago ya está más que agotada, porque ni hogares ni empresas pueden tributar más, el cumplimiento de los tales compromisos con las Farc exigirá endeudamiento creciente y permanente, hasta niveles aterradores, porque los bancos prestan a los países irresponsables solamente con tasas de usura.

Basta recordar hasta dónde llegaron los recientes sacrificios de Grecia para medio volver a flotar, y lo que nuevamente espera a la Argentina, para proyectar lo que aguarda a Colombia, si les “cumple” a las Farc. Pero si el escenario anterior de endeudamiento permanente es terrible, sería todavía peor la financiación de gastos estrambóticos con emisión monetaria, al estilo de Mugabe o Maduro.

Bajo ninguna hipótesis puede justificarse un gasto desfinanciado de unos 15 billones anuales, para satisfacer a ese grupúsculo, llevándose de calle el equilibrio fiscal y el desarrollo económico. Este último es imposible sin el primero. Pero además, todos los compromisos con las Farc son inconvenientes, porque responden a exigencias antieconómicas, de corte marxista-leninista, contrarias al modelo de libertad económica y desarrollo productivo, único capaz de superar el atraso y la miseria.

Parece que Colombia, para equilibrar el presupuesto, tendrá que aumentar los impuestos de todos y reducir las inversiones para el beneficio colectivo… No es, entonces, aceptable que un movimiento con 50.000 votos, que ni paga impuestos ni entrega lo que ilegalmente ha conseguido, disponga de algo así como el manejo del 6 o 7% del presupuesto nacional.

Si los pactos con las Farc, rechazados por el pueblo colombiano, no son denunciados por el gobierno, el país verá menoscabado su crecimiento económico y, por ende, las instituciones democráticas seguirán bailando en la cuerda floja, al vaivén de sorpresas electorales.

No ignoro las dificultades para liberar al gobierno de la camisa de fuerza “legal” que le impone el acuerdo final, ni el chantaje de la izquierda revolucionaria, incrustada en todos los órganos del poder y dueña de los medios, pero es urgente reflexionar sobre las consecuencias fatales de “cumplir” esos falsos y letales “compromisos”.

***

Rechazado por el pueblo, el acuerdo con las Farc es ilegítimo, y ese vicio no es subsanable. Todo lo que de allí se ha desprendido es inconstitucional. Todo eso tiene apenas una apariencia de legalidad, y darle vigencia contraría la democracia y hace irrisorio el estado de derecho.



Importante: Cada autor es responsable de sus ideas y no compromete el pensamiento editorial de infolocal30.com

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